Rosas Blancas

Hace siete años, conocí a una dama.

Llegué preguntando la calle donde vivía,

con referencias en los oídos, con las manos temblorosas.

Por aquel entonces tenía 16,

por aquel entonces tenía el alma buena,

buena y cortada.

Llegué porque estaba solo.

Sabiamente me dijo qué no perdiera el tiempo esperando,

-no debo decírtelo – habló con voz resignada

-pero entenderás que no hay mejor compañía que vos mismo-

Le dije que había cultivado rosas blancas,

rosas blancas en Junio como en Enero.

-entended niño que aquí no hay amigos- me volvió a responder

-no sé de qué carajos hablas-

Ella, me hizo llorar;

con la respiración entrecortada,

la presión arterial elevada, los hombros encogidos.

Me tomó entre sus brazos para hacerme dormir.

Yo, lloraba, sentado, aturdido,

El llanto blanco, como la nieve.

De mi ojo escurría esa lagrima blanca, como la nieve.

Lágrimas de niño, sugirió con voz indiferente.

¿Por qué estaba ahí?

-tú venís por curiosidad- me dijo

-tú venís por soledad-

Juré nunca regresar,

con el calor en el rostro, sudando frío, palpitante.

Pero era verdad, regresé por soledad.

Por esa fracción del minuto, segundos,

de paz, tranquilidad, fundido con el ergo.

Una descarga de endorfinas, por todos los circuitos neuronales.

Líneas y líneas de llanto blanco.

Felicidad.

Pronto, me hice adicto.

tenía razón:

“no hay mejor compañía que vos mismo”

yo sólo quería estar con ella.

No era amor, lo que me daba, no era cariño.

Era tiempo, la adrenalina de buscar un momento en el día para verla.

Nunca fuimos amigos,

los recuerdos, eran la paga.

El vacío, el conflicto, la moral.

Hace siete años conocí a una dama,

llegué preguntado la calle donde vivía.

Hoy sé en que casas vive,

hoy sé a qué horas se encuentra.

Sabe que me gusta,

cual es mi más tierno capricho,

trate de correrla de mi vida muchas veces,

pero siempre regresé.

Es mentira que viví sin ella en algún tiempo,

siempre regresé a buscarla.

No le importa que haga eso,

que me vaya y regrese.

Porque a donde quiera que voy,

puedo encontrarla fácilmente.

Yo sé que no es real,

pero eso a ella no le importa.

Sabe que un día ya no regresaré,

pero eso a ella no le importa.

Hace siete años conocí a una dama,

llegué preguntando la calle donde vivía,

no es amor lo que me vende, no es cariño.

Pero es algo muy cercano.

“no hay mejor compañía que vos mismo”

Por años oculte su existencia,

pero eso ya no importa.

Yo morí hace dos años,

y sólo Fredy y ella lo saben.

Las rosas blancas también murieron,

en Junio y en Enero,

para el amigo sincero,

que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca,

el corazón con que vivo.

Cardo ni Ortiga cultivo,

cultivo la rosa blanca.

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