Autonecrología II

Estoy escribiendo mi propia crónica de una muerte anunciada. Yo sé cómo terminan estas historias, soy lo suficientemente listo para prever el final de la trama. En La primera línea ya está narrado el resultado, pero aún así la esperanza se aferra con tanta vehemencia…Con una vehemencia inverosímil. Dicen que la esperanza, no es del hombre, es de la vida, es la vida defendiéndose o intentado defenderse. La mía es más tóxica que cualquier droga creada para curar la cabeza… ¿Qué más queda?

Dos semanas sin drogas, y aún la lucidez no llega; creía que el Jueves se había acabado mi buena suerte, creía que iría a juicio, pero en vez de eso me pidieron que escribiera un poema de amor, ¡Caray!, yo no escribo poemas de amor, no sé qué droga metafísica es esa. Yo escribo cosas amargas, cosas crudas, que le revuelvan las tripas a uno; no poemas de amor. Yo me meto con las metáforas, yo agarro del cuello a la ironía y pesco del cabello al sarcasmo. Hablo de muerte, de dolor y de cosas necias, de esas que la gente evita, que le produce pena o miedo hablar, no entiendo porque son así. Eso es cotidianeidad. Estaba escribiendo mi propia crónica de una muerte anunciada, pero me detuve, porque no me sentí coherente; por ahí debe de andar el texto volando en la nube…

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