Oliveira

Tengo las manos atadas.

Sentado en una escalera, esperando ingenuamente a que el lunes caiga sobre mi.

Misma rutina, mismo reloj, espero con inocencia que sean las ocho am para entrar a la oficina.

Un ligero sentimiento de culpa, por entrar en el círculo vicioso llamado vida. Cada lunes que intento despertar me viene a la cabeza esa cancioncilla de Residente:

“La renta, el sueldo, el trabajo en la oficina. Lo cambie por las estrellas y por huertos de harina; me escapé de la rutina para pilotar mi viaje. Porque el cubo en que vivía se convirtió en paisaje. Yo, era un objeto esperando a ser ceniza, un día decidí hacerle caso a la brisa, a irme resbalando detrás de tu camisa. No me convenció nadie, me convenció tu sonrisa…”Es un himno olvidado en algún rincón de la habitación de cuatro por seis. Con una esperanza que intenta defenderse y no quiere dejar morir el sentimiento de ser libre y viajar por el mundo. Pero es el precio de la independencia, me repito para convencer al alma.

Creo que la verdadera independencia es poder trabajar de ocho a seis, de lunes a viernes y percibir un sueldo para comer y pagar la renta. Uno tiene la necesidad de pagar mil quinientos por mes, para poder andar en ropa interior por la cocina preparando café. Si nunca has intentado esto, te lo recomiendo ampliamente, es espiritual.

No paso de los treinta años, ni de los veinticinco. Y ya tengo ese sabor de ver que los años llegan en el mejor de los casos, cuando uno no se da cuenta. Me llamo Horacio, tengo las manos atadas y estoy sentado en una escalera esperando con inocencia a que abran la oficina.

Soy de pocos amigos, que últimamente se van muriendo, se van quedando por el camino. He aprendido a dejar ir a las personas. Es coherente pensar que nadie es eterno, que al final todos escogen la “mejor” opción para seguir caminando. Y eso de poder embriagarse, se puede hacer con cualquiera que tenga disposicion y dinero. La mejor compañia es la de uno mismo.

La gente va y viene, como si se tratara de una estacion del metro, subes e intentas sentarte en el mejor lugar. Y de la nada, gente desconocida empieza a conversar agradablemente contigo. Unos te siguen por un par de estaciones y se bajan, otros, parece que tienen el mismo destino, pero justamente antes de llegar al final, se marchan. ¡Que desilución!, podria alguien pensar, pero no es así, todos han comprado un boleto, todos tienen el mismo derecho de bajar o llegar en donde les plazca. Así funciona esto, así siempre ha funcionado. El alma inteligente no sigue a nadie, ni tampoco obliga a nadie a quedarse.

Tengo las manos atadas, pienso ligeramente. Solo me estoy quedando por un buen corazón; no hay vida, no hay planes, no hay nada. Solo me estoy quedando por su buen corazón.

Un dolor por la parte superior de la espalda, a la altura de los hombros. Un ardor; estrés lo llamaremos. Sentado en una escalera, esperando fielmente como perro a que habran la oficina. ¿Qué es la vida? ¿Qué son los planes?; ¿trabajar de lunes a viernes de ocho a seis?, ¿tener nómina y cotizar al seguro?, eso no pasa en la provincia. Los turnos son de doce horas de lunes a sábado, con un salario raquitico, sin prestaciónes de ley, sin nada de nada. Contribuyendo a los pequeños monopolios de la zona a seguir jugando con su poder.

La gente te juzga Horacio, la gente te juzga. ¿Cuál hormiga soy yo de estas que piso?, te dicen cuando amar, cuando vivir, cuando morir; no tiene mucho sentido seguir haciendo esto. Las pastillas solo son para dormir, las pastillas solo son para curar la tristeza. ¿A quién le gusta estar triste?, a mí no, pero la tristeza es adictiva, es el único lugar que puedes llevar contigo mismo.

Alguna vez mandé un poema de Neruda por correo, alguna vez dije: te quiero para los diás frios y nublados. ¡Carajo!, que insolente. Estoy enamorado de una niña; la gente dice que no sabe nada, que hay que buscar un trabajo al terminar la escuela y vivir como perros amarrados de ocho a seis, todos los días, los trescientos sesenta y cinco días del año. Intentas encontrar un poco de dinero y entonces mueres. Eso le dicen a ella; y yo por eso la quiero, porque no sabe nada. Pero tengo las manos atadas, me doy cuenta que solo me estoy quedando por un buen corazón, no hay vida, no hay planes, no hay nada, solo me estoy quedando por su buen corazón.

En el fondo sé, que quizás ella también se levantará un día de su asiento y se bajará en la primera parada que se le ocurra. ¡Merde alors!, mientras voy sentado frente a ella, observando como las luces del túnel rebotan en su espalda y en su cabello largo. Lleva unos Converse y tiene miedo de no saber en que estación parar. Judit dice que lo mejor de la escuela es el recreo. Judit, ¡no sabes como quiero quererte!, pero tengo las manos atadas y estoy sentado en una escalera esperando a que habran la oficina.

Pienso: ¿cuándo la vida me dará un recreo?

Soy Horacio, a veces Oliveira otras así nada más a secas. A veces solo quiero irme tras de ti, persiguiendo mi instinto, buscando cambio verdadero, caminando distinto, escaparme hasta la constelación más cercana; la suerte es mi oxigeno, tus ojos son mi ventana.

¡Carajo!, estoy cansado. Yo sé que no lees estas cosas, que estas ocupada lidiando con tu propia cadena en el cuello, sin saber a donde engancharla, sin saber de quien serás esclava de ocho a seis. Ni siquiera estoy seguro de que realmente entiendas algo; solo tienes un buen corazón, y esa es la única razon por la que me estoy quedando. ¡Qué violento es ser tan ignorante!

Esperando a que no te bajes pronto del metro, rezando para que los Converse no vayan a salir de este vagón. Yo nunca rezo, pero esta noche estoy de rodillas. Tengo las manos atadas. Jugando con metaforas, y sabiendo que con las metaforas no se juegan, que de una sola puede venir el amor. Un amor tan Cayetano, niña mía.Me llamo Horacio, y pienso: necesito morirme siquiera una semana.

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