Perfección

Eran de los primeros días donde se asomaba el invierno, una mañana fría, la gente abrigada en las calles, chamarras y suéteres que no estaban preparados para recibir el frio otoñal, madres apresurando a sus hijos para que llegarán a tiempo a la escuela, niños avanzando de mala gana por haber sido arrebatados abruptamente de las sabanas de una cama caliente, quizás fue en los primeros días de octubre cuando hubo una mañana fría, no lo recuerdo bien. Caminaba por la calle superior del hospital, caminaba con la seria intención de comprar café, como dije, el frio nos agarró desprevenidos; una pequeña brisa helada cubría la atmosfera, la gente sacaba vapor de su boca, los niños jugaban con ese vapor como si de humo se tratara, <<adictos al tabaco en potencia>> pensé, pero la verdad no, cuando uno es niño lo que le llama la atención de la gente que fuma es el humo que sale de su boca, como si fuera un superpoder, como si estuviéramos hablando de una habilidad sobrehumana el sacar humo de la boca; los niños piensan que sí el humano tiene la capacidad de sacar humo, esto es un preludio para poder sacar fuego por la boca, tal como lo hace un dragón, imagínate lo que podríamos lograr con eso, y sí somos capaces de lanzar llamas como lo hace el dragón, también podríamos volar en los cielos, y sí podemos volar, viajaríamos a donde quisiéramos, las veces que quisiéramos; y aquí, en este punto ya no podría seguir con este relato, porque tendría mucho que decir de los dragones, de la gente que saca humo de la boca y de la gente que puede volar como un dragón cuando saca humo por la boca…

Llegué al pequeño expendio de café y tamales, almas acercadas lo más posible al comal que emitía un calor reconfortante para esa mañana fría, sujetos que según deduje tenían familiares en el hospital. El pequeño puesto, que constaba solo de una mesa cuadrada de plástico y del tan preciado comal que emitía calor para las almas circundantes, estaba sobre una banqueta. Ordene un vaso de él “Negro” para llevar, sin leche obviamente, porque agregarle leche es pecado inconcebible; pero eso no lo había notado hasta que me lo dijo Mar un día, porque ella lo toma sin leche por cuestiones de intolerancia a la lactosa, pero me pareció muy congruente por todo aquello que representa el café. En la más perdida filosofía del minimalismo, el café debe estar en un estado lo más puro posible, despojándolo de todo aquello que no es necesario agregar, si ya con el azúcar estamos alterando su estado natural, que puede decirse de la leche, o la canela o la vainilla; y a este tenor, vuelvo a recapitular, porque puedo seguir hablando de café y de minimalismo o de la intolerancia lactosa en otro par de cuartillas, pero ese no es el punto…

En el fondo, como si de un soundtrack se tratara, se reproducía una pista de rap, siendo más específico lose yourself, y no es que se me hiciera ajeno lose yourself, yo mismo conozco esa canción y es una de mis favoritas, solo que lose yourself no pudo conectarse en mi mundo anímico y no pudo trascender en mi entorno para darme esa perfección que existe cuando un elemento o más coinciden y dan la sensación breve de placer, y ¿Cómo supe que lose yourself no conecto con mi perfección del momento?, muy sencillo, porque no sentí placer alguno mientras esperaba mi café, me era indiferente el momento. Sin embargo, observe algo interesante; un sujeto que estaba recargado en un auto estacionado en la cera, comiendo tamales y bebiendo café, estaba cantando lose yourself, su boca se movía entre el ritmo del rap y la sensación que tienes en la boca cuando comes un tamal caliente, moviendo la mano al estilo del rap. El rostro del tipo emitía placer, era un cuadro perfecto donde estaba comiendo un tamal, meneando la cabeza y la mano al ritmo de Eminem y cantando lose yourself. El tipo estaba feliz en ese momento porque coincidieron los elementos que ya describí y él no se daba cuenta. Me puse a pesar un poco mientras me cobraban mi café, eso me ha pasado también a mí, y supongo que a los demás igual. La cotidianeidad nos regala momentos de perfección por casualidad, cuando se combinan esos elementos simples y que estimulan nuestros sentidos, se inyectan una pequeña dosis de placer. Y son ocasiones aleatorias que no podemos predecir y cuando aparecen no las podemos percibir por estar distraídos. Puede ser una canción que escuchamos mientras realizamos otra actividad diametralmente opuesta, observar un objeto o una situación, algo que estimule nuestra zona de confort o nos traiga a la mente un recuerdo agradable, nuestro cerebro esta atento para poder percibir y combinar esas situaciones para generar cierto grado de dopamina. Bien, ahora empezaré a hablar de dragones con minimalismo incluido…

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