Sin destinatario

No voy a escribir tu nombre, porque no tendría sentido alguno alimentar el morbo ajeno. Pero voy a tratar de describirte, lo mejor que pueda y con mis mejores letras. Yo sé que de repente lees estas cosas, mas no tengo prisa en que lo hagas. Te conozco desde hace varios años, próximamente cuatro, y ni la distancia, la edad o el género han sido obstáculos para disfrutar de tan agradable amistad. No me hace falta toda una vida para conocer tu buen corazón, yo sé que intentas ser lo mejor y dar lo mejor. Y también sé, que has andando del otro lado de la moneda, como a veces yo suelo andar también; somos personas buenas, pero con muchos errores sobre nuestros hombros, errores que nos cuestan caro. Me conoces lo bastante bien, has visto como he crecido, como he formado mi criterio y que dentro de los rasgos de cretino que muestro hay destellos de sabiduría; pero yo siempre seguiré siendo, a tus ojos, el niño de 19 años que conociste la primera vez. Conoces como mi corazón se ha quebrado muchas veces, sabes bien la lucha que llevo tras mi espalda, que últimamente me ha costado un poco más de sobrellevar, y las estupideces que he hecho y que pienso seguir haciendo por una o por varias mujeres, si es que se les puede merecer ese término. Haz visto la peor cara de mi espíritu y de mi espiritualidad. En resumen, no hay nada que no haya ocultado a tus ojos, salvo aquellas cosas que cada quien guarda en su lugar más secreto del mundo. Reímos, bromeamos, hemos llorado a través de una línea telefónica, y todo esto no lo hemos exhibido en Facebook, no hemos hecho todas esas cosas tontas y vacías que hace la gente cuando presume de una amistad. Y solo hablamos de vez en cuando para darnos cuenta de que las cosas importantes siguen igual.

Esta noche, te reafirmé mi forma de ver las cosas. He dicho que yo no espero nada de nadie, ni siquiera de los amigos, mucho menos de la familia, te he dicho que no voy a obligar a nadie a que se quede conmigo, ni espero que nadie me siga a donde vaya. Podríamos pasar horas discutiendo el punto, y difícilmente cambiaría mi forma de pensar. No nos bastaría todo el alcohol del mundo para llegar a un acuerdo, ni nos alcanzarían todas las noches de este mundo para convencer el uno al otro. Yo sé que te molesta esa idea, tú esperas que los amigos se guarden lealtad y hagan lo posible por mantenerse unidos. Y yo entiendo tu enojo. Entiendo que estés triste porque esa frase también te incluye a ti. Sabes que intento ser genuino, que todo lo que hago por los demás es de corazón, pero si tengo que renunciar a ellos, voy a hacerlo así si más. Quiero ser franco, yo mismo sé, que es muy miserable andar por la vida con ese pensamiento, privándome de personas que si valgan la pena, mas estoy cansado de que me defrauden. Estoy harto de derramar lágrimas por gente ingrata, prefiero vivir así a seguir viendo decepciones. La justicia me ha fallado, yo solo estoy esperando el momento exacto para irme a dormir, este mundo me ha desquiciado, ha quebrado cada centímetro de mi esperanza; y no quiero que las persona lloren el día que muera, solo quiero que lleven mi cuerpo a casa. Muchas veces prefiero que hayas llorado sobre mi ataúd hace tres años a que veas como me puedo ir destruyendo yo solo. Tantos días expuestos al dolor, empiezo a ser su creyente, su adepto. Pero no quiero que te preocupes, yo he sobrevivido gracias a las metáforas, así como tú también lo has hecho. Y agradezco mucho el consejo que me diste, de no creer que el mundo gira alrededor de mi, qué hay cuestiones más grande e importantes que yo; es por eso que creo en la insignificancia de mi ser, en la levedad de mi vida, cual motita de polvo que puede dejar de existir sin causar ninguna relevancia en este universo.

Primero lo primero:

voy a decir todas las palabras que tengo dentro de mi cabeza. Estoy como loco y cansado de cómo han sido las cosas.

Segundo es lo segundo:

no me digas lo que crees que puedo ser. Soy el que lleva el timón, el amo de mi mar.

Tercero es lo tercero: 

manda una oración a los que están arriba. Todo el odio que has oído, ha convertido tu espíritu en una paloma. Tu espíritu, allá arriba.

Lo último es lo último:

El por la gracia del fuego y las llamas, tú eres el rostro del futuro. La sangre en mis venas.

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