Querido padre, tu hijo está muerto.

¿Por qué nos aferramos a la vida, cuándo está no nos pertenece? ¿Por qué estamos tan encariñados con ella, si en este mundo todos nos dirigimos hacia la muerte?

Nadie está preparado para afrontar la muerte, pocos son los que se resigna ante una inminente condena. Yo sé que nadie quiere morir, al menos esa esa la lógica común, pero querido padre yo desee morir; mas no me lo permitieron. A las personas les cuesta hablar de la muerte, les inquieta tal perturbador estado; pero a mí no. Yo crecí con una convicción profunda de no temerle, no cabe en mis ideas de que esta sea un requisito transitorio, como mucho se enseña, para un cambio de situación. Solo es un estado de inactividad, en términos más congruentes: de paz absoluta.

El precio de tal estado es la expiración de todo sentimiento y conciencia, dejando al cuerpo como una envoltura inerte. Y aún así no nos resignamos en dejar esa envoltura inerte, le rendimos un último tributo, le lloramos a ese cuerpo que entra en proceso de putrefacción. Nuestras culturas, pretenden guardar un período de luto en respeto al difunto. Pero nosotros, ¿lo hacemos para despedirnos también? Pero si lo estamos despidiendo esto supondría que se fue a un lugar específico, ¿No se entiende que la muerte es un estado abstracto? Entonces ¿a qué le estamos llorando? La muerte embota la lógica humana. Actuamos según acorde a la cultura y costumbre de la región donde vivimos.

Esto es fácil de entender, y por eso no me costó tomar una decisión. Al final solo estarían llorando a una envoltura inerte, toda la existencia, toda la esencia se habría disipado en la nada. No hubieran acaecido remordimientos o arrepentimientos. Solo gozaría de lo absoluto, la inactividad, una profunda paz; irónicamente una paz muerta.

¿Habría justificación? Eso no nos toca decidirlo, porque la vida no nos pertenece.

Pero eme aquí. Entregarse a la muerte y ser arrebatado de esta, tiene un precio muy caro.

Hablando con un poco de metáforas, al hacer esa operación, pierdes un poco de la esencia. Vuelves con otra forma de ver el mundo, vez fragilidad. Se mueren los semidioses en terrenos específicos. Se muere sentimientos y estos son reemplazados por rencores y remordimientos. Se mueren las metas, ¿como seguir, cuando ya se había resignado a aspirar a la nada? ¿Como volver a empezar? ¿Como amar de nuevo a las persona, cuando se desechó todo sentimiento para poner una bala en la cabeza?

El pasado se vuelve doloroso, intacto. No se puede rehabilitar del todo.

Lo más peligroso para el hombre son las ideas. ¿Como borrar un virus que ha infectado en lo más recóndito del ser?

¿Donde quedó la humanidad padre? Hay cosas que no se vuelven a platicar por temor a sacar remordimientos pasados. Es mejor cerrar los ojos o caminar con una venda en los ojos y creer que todo está bien, que todo esta resuelto. Padre, la muerte es vergonzosa.

La muerte está al teléfono cuando se nos acaban las palabras y hay silencios profundos, por no saber qué más decir, por no saber qué más hablar. Esto duele, pero es necesario el dolor para expiar un poco el alma.

Es mejor vivir desterrado del hogar, que vivir en el lugar donde uno no puede morirse.

¿Como se prepara uno para la muerte? ¿Como se prepara uno cuando no se puede morir?

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