Génesis

Antes de que el universo fuera, existía un sample de cuatro notas. Antes de que la luz bañara el alma, existía ese sample de cuatro notas.

La vida se encargó de que no fuera un cambio abrupto, sino una transición amable y casi espiritual para abrir los ojos, para encender esa maquinaria mental llamada conciencia. Entonces los dedos se despegaron, se desentumieron y empezaron a dibujar trazos uniformes y continuos. Se llamaron letras a esos trazos uniformes y continuos.

Después estas se acomodaron de tal modo coherente y legible, formando una sucesión maravillosa entre los caracteres. A esto llegamos con el nombre de palabras. No obstante, aún no había intención de comunicar, no había un mensaje y mucho menos un receptor. Pero el sample de cuatro notas seguía ahí. El sample de cuatro notas tenía tanto que decir, que no era posible transmitirlo con palabras llanas y vagas.

Todo estaba listo para la concepción, el terreno estaba fertilizado por el sample de cuatro notas, la maquinaria mental estaba trabajando día y noche para absorber y asimilar su entorno, el contexto. Los dedos estaban aprendiendo a dibujar nuevas palabras. Así que paso lo que inevitablemente pasaría.

Guiados por el sample de cuatro notas, la maquinaria mental empezó a guardar los pensamientos, los recuerdos y los sentimientos. Indudablemente los dedos fungieron como secretarios de la conciencia, se les dio la capacidad de reunir las palabras en frases, en párrafos y después en todo un texto; pero el que estaba orquestando todo era ese sample de cuatro notas, por eso las palabras encajaban tan bien en las frases, por eso los lectores pudieron entender el mensaje. Sin embargo, esto último fue un efecto colateral al proceso de plasmar y ubicar todos los textos en un solo lugar, fue casualidad.

Pronto el autor se dio cuenta que en todas las cosas que lo rodeaban se encontraba ese sample de cuatro notas, que el mismo era parte del sample de cuatro notas y que por tanto todo lo que vivía llevaba el sello del sample. Descubrió que la vida era una sinfonía. No muy amarga pero tampoco excesivamente dulce, había un perfecto equilibrio entre lo amargo y lo dulce.

Después encontró que el término amargo no existe (ausencia de lo dulce, así como la ausencia de la luz, así como también la ausencia del calor). Porque aún de lo amargo se pueden aprender lecciones y en ciertas ocasiones son un preámbulo a lo dulce. Así que después de un tiempo considerable, lo amargo pierde fuerza, ya no es tan amargo como al principo, ya no es tan desagradable pero sigue siendo algo no dulce (resiliencia). Es tolerable pero en exceso no es tan grato. Y que mejor término para sustituir la palabra amargo, por la otra palabra: agrio.

Por eso el sample a veces se sentía agrio, como los recuerdos de hace ya varios años (que en un principio se tenía la creencia de ser amargos, pero con el paso del tiempo se fermentan y se vuelven agrios), y otras tantas el sample sonaba dulce.

Así que no podemos ser categóricos y decir: es agrio, o es dulce. No, no podemos porque no somos el sample de cuatro notas, somos parte del sample y no tenemos el poder de guiar el sonido del sample, al contrario, este guía el sabor de la vida, siendo dulce, pero también siendo agria. Y a veces, solo a veces, existe una perfecta dualidad entre los dos, subsitiendo ambos sabores a la par, que el término más cercano para describir tal situación sería agridulce.

Así saben mis letras: agrias, dulces y agridulces. Así sabe la vida: agria, dulce y agridulce. Porque así suena el sample de cuatro notas, convirtiéndola en una hermosa sinfonía agridulce (The Verve).

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