Karma

Miguel Cienfuegos yace sentado junto a la ventana de la apretada casa donde cohabita con sus congéneres llamados familia. Inmerso en la oscuridad de la noche y de las luces apagadas a abierto la ventana para recibir los rayos escasos de una luna durmiente. Yace sentado dubitativo, sereno y desgarbado. Mientras las demás almas de la casa duermen, Miguel Cienfuegos yace sentado a la orilla de la ventana escuchando la música del ayer. Aquella música que en sus días fueron exitos, pero que ahora estan sepultados de manera desconocida ante los ojos del mundo.
Un hombre con el cuerpo desfigurado, encorvado y cogeando del pie derecho, ese es Miguel Cienfuegos. Hombre de cincuenta y tantos años, pero que por la enfermedad luce más fermentado. El pobre Miguel Cienfuegos ha recibido la factura de la Diabetes, aquel hombre que como la música que escucha tuvo sus mejores años. Años de lozanía y audacia, pero que ahora solo quedan selpultados en ese cuerpo desfigurado y mal hecho de Miguel Cienfuegos. Tiene el volumen bajito, no quiere perturbar a sus cohabitantes porque esto sucitaría un pleito de los mil demonios. Demonios como los que tiene en la cabeza Miguel Cienfuegos, se siente inútil y descompuesto. Desde hace años que dejó de trabajar, dejó de proveer para la familia, o quizás nunca lo hizo. Tal vez por eso su señora le guarda coraje, tantos años desperdiciados a lado de Miguel Cienfuegos, que en algun punto ella tuvo que tomar las riendas de la casa para sacar adelante a sus tres hijos, hijos que ahora son hombres medios derechos porque Miguel Cienfuegos no pudo dar un buen ejemplo de padre. Quizás sean estos los demonios de Miguel Cienfuegos en su cabeza, quizas por eso tiene la música bajita para apaciguarlos.
Siente el mismo dolor en la espalda, el de todos los días desde hace siete años. No puede comprar medicamentos porque no tiene plata, no tiene plata porque no trabaja, no puede trabajar y quizás no quiso trabajar. A lo mejor por eso no le exige compadecencia a sus hijos porque no tiene el valor moral de pedir. Los muchachos lo tiene de mozo, su esposa de criado. Miguel Cienfuegos intenta colaborar con lo que puede para recibir un plato de comida. Hace los quehaceres del hogar y lava la ropa, en un intento desesperado por recibir condescendencia de sus prójimos inmediatos. No es suficiente.
Nunca lo fue. Pero sigue aferrado a la vida, sigue aferrado como una mosca que intenta abrazar el foco incandescente del techo. Quizás un día Miguel Cienfuegos despierte una mañana y se dé cuenta que está convertido en una inmunda mosca. Entonces empezará su trágico desenlace hasta el momento en que su esposa no pueda lidiar con eso y lo apachurre con el matamoscas. Pero Miguel Cienfuegos no se rendirá, esquivara cada zarpazo del matamosca. Volará por toda la habitación y se pegará en la cortina de la ventana, entonces su esposa desistira del acto por no poder alcanzarlo. Miguel Cienfuegos fue astuto por posarse en el punto más elevado de la cortina. Quedará inerte por algunos minutos, hasta ver que su esposa salga del cuarto líada por no poder ejecutarlo con el matamosca. Una vez que el peligro haya sido disuelto, volará hacia la cocina. Tomará el pasillo, que en un tiempo lo recorrió en cinco o seis pasos, pero que ahora siente que vuela por varios segundos el mismo trayecto. Sin embargo, su hijo menor lo topa de frente y Miguel Cienfuegos tiene que detener su marcha y pegarse a la pared. El muchacho cruza con indiferencia y entonces solo entonces vuelve a emprender nuevamente el vuelo. Pero aquí hay un revés, la ventana del pasillo está abierta y una corriente de aire caliente empuja a Miguel Cienfuegos al cuarto de lavado. Donde yace un foco incandescente en el techo. Cómo acto reflejo Miguel Cienfuegos se lanza indómitamente al foco, extasiado de placer hace su danza en el aire para poder posarse lo más cerca del foco. Horas y horas pegado en el mismo sitio. Descarga de endorfinas continuas, Miguel Cienfuegos no puede despegarse de su lugar, como si un conjuro lo atara a su amado foco. Miguel Cienfuegos, pierde la conciencia de si, por la luminiscencia del foco, se le nubla la mente, queda pasmado. Entonces llega su esposa, apaga la luz y Miguel Cienfuegos regresa abruptamente de su nirvana, desorientado, confundido, solo va bailando en el aire hasta llegar a una pared contigua. Todo es oscuridad, como la noche que yacía sentado en su ventana. Una figura turbia oscurece todavía más el cuerpo de Miguel Cienfuegos, él no recuerda nada, excepto las canciones que estaba escuchando junto a la ventana. Siente una plancha de aire obscena tras su alas, él solo piensa en que no quiere hacer mucho ruido con su música para no despertar a la familia, pero no hay tiempo de reaccionar, todo fue un instante, una fracción de segundo para que la existencia de Miguel Cienfuegos quedará embarrada en la pared contigua del cuarto de lavado.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s