Tempo

Entonces así tenía que pasar.
Las últimas horas, y después un vacío negro y finito.
Una habitación de tres por cinco, la cocina, un cuarto subsecuente para dormir de cinco por cinco. Pocas pertenencias, como todo lo que se tiene en esta vida.
Las ventanas selladas, la cama tendida. Los platos sucios, sonrío y pienso: ¡qué vergüenza!, van a encontrar podredumbre en el piso y en el fregadero.
Las botellas van deslizándose lentamente hasta la puerta, líneas de llanto rojo en el piso, emanando de una boca o de varias bocas tiradas en el suelo. Cuando vengan por mí, la puerta se abrirá y se escuchará el estruendo de unas botellas de vino siendo barridas.
Las llaves están puestas por fuera, no van a tener que derribarla, solo sentirán vértigo por encontrar lo inevitable. El olor no se podrá disimular, se mezclará con lo que quede del LP. Un par de días o tres, estimo que este último se disipe, aún así se sentirá levemente, pero será imperceptible dado que el problema será más grave de lo que se creía.
Un intenso olor a gas, después una intensa apeste. Es un sitio vacío, nadie vive ahí. Tal vez una rata atorada o un gato que no pudo llegar a su hogar.
La ambulancia, peritos y varias patrullas acordonando la zona.
¡Qué buen gesto!, el tipo nos ahorro el gusto de tumbar la puerta.
Una pista: In my time of dying, en repet on. Quizás el móvil conserve un poco de batería para esos momentos. Así que abrirán la puerta, el olor fétido los golpeara, las botellas de vino sonarán con fuerza y después del ruido se escuchará el riff de Page, o a Robert Plant cantando:

Jesus, gonna make up my dyin’ bed.
Meet me, Jesus, meet me. Meet me in the middle of the air

Las manos a la nariz, entonces mandarán a traer guantes y cubre bocas. Una llamada anónima mencionó que el olor es insoportable. Los municipales confirmarán este hecho.

If my wings should fail me, Lord. Please meet me with another pair

La inspección. Oscuridad, un sujeto sentado en el suelo, recargado a la pared. Varias cajillas de cartón, láminas porta pastillas abiertas, pastillitas blancas regadas por el piso, botellas vacías y Well, well, well, so I can die easy, entonces el riff se hará más intenso y la batería más agresiva. Se coloca los guantes, su cubre bocas, levanta despacito la cajita del suelo y lee Rivotril. Sorpresa: una, dos, tres, cuatro, cinco cajas vacías. Dos, tres, cuatro botellas de lambrusco. Todas las perillas de la estufa abiertas.
En la mesa, una nota. No, un escrito de Sabines, Autonecrología VI.
La belleza esta presente, una obra magistral del arte y pureza.

Well, well, well, so I can die easy

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