Teclas Negras

Bajaba por la calle Abasolo, nótese que venía bajando. La noche suavemente fría. La calle adornada con pocas almas andando sobre la banqueta. Faltaban pocos minutos para las ocho. Últimamente murmuro entre dientes, hablo quedito para mis voces. Prácticamente la calle esta desolada. Camino casi siempre con la mirada al piso, me concentro mejor. Mis ojos encontraron una bolsa de basura y una escoba recargada a la pared. ¿Quién barre a estas horas?, preguntaron. El murmullo fue interrumpido por unos quejidos. Un hombre en contra esquina, está sentado. Se balancea como si estuviera en una mecedora, de arriba abajo. Se balancea y emite quejidos, ligeros, casi audibles. Parece estar sollozando. Un momento. Conozco al tipo, lo he visto muchas veces en el pueblo. Lo he visto repartir el periódico (trabajo poco redituable considerando que el periódico sale cada semana en este lugar), y muchas veces le he visto agarrado de una escoba. Sí, lo recuerdo. Su cordura es cuestionable. No es un sujeto “legal”. Hace un par de años me lo encontraba en el ciber, me lo topé varias veces. Rentaba una maquina por lapsos de veinte minutos. Entraba a YouTube, lo miraba de reojo, y buscaba tutoriales de piano. Así es, tutoriales de piano. Enchufaba los audífonos al CPU y gastaba sus veinte minutos en videos tutoriales para aprender a tocar el piano. Muchas veces vi cómo extendía su teclado imaginario sobre la mesa.  Repetía los mismos movimientos del maestro, el toque de las blancas y las negras. Era muy obvio. Descargaba una furia en las teclas, sus golpes al piano eran bruscos. Pero él las sentía. Sentía como sus dedos se sumergían para levantar el sonido en el aire. Inconfundible las notas, inconfundible la melodía, siempre la misma pista, Sonata para piano, Moonlight Sonata. El desborde de las teclas pronunciando su presencia a lo lejos, anunciando su llegada. El tempo, rápido, Presto, creyendo que va errar en una nota. Pero no, la rapidez con la que desdobla la sonata, hace un digno homenaje a su creador. ¿Cuánto tiempo pasó antes de que llegara la locura?, pregunto. Bien lo sabes, me contestan acá arriba. Yo era un sujeto más que normal. Comía en platos finos y bebía buen alcohol. Mi carrera estaba en ascenso. Era joven, atado a las ilusiones permisibles de la edad. ¿Qué pasó?, Bien lo sabes, me vuelven a contestar. No, no lo sé, recrimino. Entonces llega la agitación, todo el cuerpo parece entumirse. Esta noche es fría y mi cuerpo empieza a engarrotarse. Para evitarlo, intento balancearme como si estuviera en un sillón mecedor. De arriba abajo, me muevo. De arriba abajo. Me siento abandonado por la consciencia. Debo salir. Pero no se puede, ¿Cómo sales de la propia mente?, no hay prisión más infalible que la mente. De arriba abajo. ¿Dónde estoy?, Eso ya lo sabes, me vuelven a contestar. No, no lo sé. Las lágrimas empiezan a salir. Al menos todavía soy dueño de los ojos. De arriba abajo. Eso es lo que tú crees, me dicen. ¿Cuándo se apoderaron de mi cuerpo?, Eso ya lo sabes. La impotencia entra en el juego. A lo lejos veo un sujeto, viene bajando, nótese que viene bajando. ¿Quién es?, yo lo he visto algunas veces en mis momentos de luz, yo lo he visto. De arriba abajo. Camina por las mismas calles que yo en un día caminé. Eres tú, me contestan acá arriba. De arriba abajo.

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