Hipérbole

Pedazo de imbécil.

Vete al quinto carajo.

¿Cómo puedes ser tan necio?, de verdad, ¿dónde te caben semejantes ideas?

No lo puedes entender.

Lo que yo no puedo entender es porque haces esas cosas.

Ya te dije. No lo podrías entender.

¿Por qué?

¿Porque qué?

¿Por qué lo haces?

No tengo palabras para responderte. Por eso digo que no lo podrías entender.

Es como una adicción enfermiza tuya. Quieres cruzar el umbral, pero te quedas a medio camino. O te regresan, no lo sé.

Tampoco lo sé.

Tienes problemas, tienes serios problemas.

Intento remediarlos.

¿Así?

Muy elegante, ¿no?

¿Cuántas van con esta?

Cinco, supongo.

Y ¿la del río?

Por eso, con esa son cinco.

¿La de la avenida?

Esa fue la tercera

¿El puente?

La segunda

La primera, ¿cuál fue?

Las pastillas

¡Diablos!, ¿crees que siempre tendrás suerte?

Mmm

Eso es estar jodido.

Jodido es no poderse morir.

Te daría un golpe en la cara, si no anduvieras en silla de ruedas.

Gracias por la lástima.

No puedo tener otro sentimiento.

Es mejor no tener ninguno.

No, no puedes seguir así…

Oye. Un momento, ¿cuantas veces hemos hablado de esto ya?

Todas las veces que lo intentas.

Oh, ya.

¿Ya?

Sí, ya.

Y no me cansaré de hacerlo. Es por tu bien, yo deseo lo mejor para ti. No sabes lo que llegas a causarnos…

Problemas.

Sí, das demasiados problemas.

Intento ya no darlos.

Pero así no se logra.

Y ¿si lo lograra?, solo sería una última vez.

No entiendes. Hay personas que te aman, que te quieren, que te aprecian, y darían la vida por ti.

Eso yo lo sé.

Y ¿no es motivo suficiente para que te remuerda la conciencia?

No hay motivos suficiente.

Estás enfermo.

No, estoy vivo.

La vida es bonita, es hermosa. Siempre hay motivos de sobra para quedarse en ella. Los atardeceres, las tazas de café, la cerveza, las pláticas con los amigos, la comida, la música, ¡carajo!, la maldita música es suficiente para no volvernos locos.

Yo no estoy loco.

¿Cómo tienes valor de decir eso?, ¿cómo justificas tu ausencia de sentido común?

Mi sentido común está intacto.

¿No disfrutas de la vida?

Lo hago

Y ¿por qué ya no la quieres?

Yo no he dicho eso

Y ¿cómo entendemos el hecho de abalanzarse contra un autobús en la avenida Juárez?

Fallo en los cálculos.

¡Carajo!

No te enojes. Yo no lo estoy. Y eso que siempre mis planes salen frustrados. Pero no lo estoy.

Lo que me enoja es tu pensamiento. No lo cambias.

¿Para qué?

Para que vivas, imbécil.

Oh, ya.

¿Oh, ya?, ¿me estás tirando a …?

Un poco, es molesto.

Por una mierda.

Por una vida.

Ok, ok… (Respira profundamente), ¿cómo llegaste a pensar así?

No lo sé. Un día desperté y me sentí satisfecho. Con todo, con todos.

¿Satisfecho?

Ajá

¿De vivir?

Y ¿por qué no continuas así?

Porque cuando estás lleno, seguir alimentándose se convierte en algo doloroso.

No entiendo.

Eso ya lo había advertido.

Sí, pero no es lógico.

Para ti no es lógico, para mí sí.

Y ahora buscas la muerte porque ya te hartaste de vivir.

Suena horrible como lo dices.

Suena horrible como lo piensas.

Mira, cuando las personas envejecen, y están limitados, la muerte parece algo inevitable. Hasta parece una opción. Porqué cuando vez a un sujeto así, experimentas lástima, sientes su sufrimiento por ser una máquina derrotada, oxidándose en una esquina. Y cuando muere, sientes la misma libertad que él. Aunque estás triste, más si hubo una relación filial, te consuela un poco su libertad.

Pero tú no eres un anciano y la máquina está en buen estado.

La verdadera máquina está en la cabeza.

¿Eso qué?

Mi máquina está vieja y oxidada.

¿Tu cabeza?

Mi cerebro, idiota.

Ya lo creo, por eso no piensas bien.

Es inútil.

¿Qué cosa?

Explicarte.

Sigo sin entenderlo.

Solo son días así. Cuando mis ideas son frustradas se apaciguan hasta nuevo aviso.

¿Quieres decir que ya no lo vas a intentar?

Hasta nuevo aviso

¿Cuanto tiempo es?

Eso yo no lo sé. No sé que voy a pensar mañana, ni pasado, ni el lunes.

Entonces, ¿cómo lo sabes?

Un día despierto y siento la idea junto a mí. No es algo monótono ni rutinario. Así que no hay tiempo medible.

Y ¿luego?

Luego convivo con la idea un par de días. Me aseguro que sea realmente la idea. Entonces empiezo a planear.

¿Por qué no lo hablas conmigo?

¿Para qué?

Para des-convencerte

No hago tanta bulla. Como dice Sabines, si te vas a morir, muérete y ya.

¿Es lo dijo Sabines?

Al parecer.

Pero también dijo: quédate sin mujer y verás que bonita es la vida.

Es inútil. Una idea es el arma más poderosa que existe. Son difíciles de cambiar.

El amor también es un arma poderosa.

No lo intentes por favor.

Sabes que no puedo, tengo que intentarlo.

Evítame la pena. Sí lo dices mis convicciones se harán más determinadas.

Moriré en el camino.

No, no entiendes. Me será más fácil para mí encontrar motivación.

Es que ¿no te das cuenta que me rompes el corazón cada vez que lo haces?

Carajo.

He tratado de ser dura para detenerte. Pero me matas poco a poco. Me estoy quedando muerta en vida.

Lo lamento.

Yo daría mi vida a cambio por la tuya…

Pero no se puede.

No puedo. Y cuando dices que nuevamente va a regresar la idea, estoy luchando contrarreloj. Siento que el tiempo me come. Me desgarra. No puedo dejarte ir.

No lo podrías evitar.

¡Basta!, deja en paz esas malditas ideas (prorrumpe en lágrimas). Me estás matando (Dice con los ojos mojados).

Tú no me quieres. Me tienes lástima.

Te tengo miedo.

Quieres salvarme, pero yo no necesito ser salvado. Yo ya estoy salvado.

(Continúa en llanto)

Anda, mira que quizás la idea vuelva de entro de 2 años. Así podremos seguir conviviendo.

(Se acerca a la pequeña barda de tabiques que circula la losa. Con las manos en la boca queda de espaldas. Son 15 pisos)

No debemos perturbarnos por el día de mañana.

(Sigue en silencio contemplando los enormes edificios. Sus manos ahora recargadas en la barda)

Mira, dejemos esto por la paz. Vamos por un trago. Hoy ya no logramos nada, ¿cómo vez?

(continúa el silencio)

¿Sunem?

(Empieza a subir las piernas al filo de la barda)

Sunem, ¿Qué haces?

(Con dudoso equilibrio logra ponerse de pie en cima del filo de la barda)

Sunem, baja de ahí por favor. No estamos para bromas.

(El aire frío del atardece retacha en los rostros)

Por un demonio, baja de ahí.

(Extiende los brazos recibiendo el aire de frente. Gira su rostro levemente hacia atrás)

Ya lo entendí (Susurra. Ha dejado de llorar)

¿Qué entendiste? (Exclama fuertemente, mientras intenta acercarse con la silla)

A ti… (extiende su mano para alcanzarla de su tobillo. Ella lo ve de reojo)

Mi cabeza ya se oxidó (le dice)

(El viento sopla de manera más intensa sobre el rostro del sujeto de la silla de ruedas)

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