La 28

Serena, estoica entre el mar de gente que se apiñan en las rutas a las 8 pm.

Como flor flotante en medio de un estanque lleno de agua. Flotando ligeramente.

Tus zapatos negros brillantes de plataforma me dicen que defiendes algo

¿Qué será?, me pregunto.

Pantalones cortos, chamarra de mezclilla y el cabello suelto.

Y vi un rostro. Un rostro que no puedo olvidar, y cada que lo recuerdo me siento como si flotara sobre el mar de gente.

Eres de los pocos cuadros que me da la vida para contemplarlos en silencio. Viendo cada detalle, impregnado a la memoria cada minuto. Porque sé que no volverás a aparecer.

Entonces acabo exhausto, jodido. Renunciando a mi filosofía por breves segundos para escribir estas cosas.

Yo no escribo esta clases de cosas. Pero hoy se fue al carajo la filosofía chica de la Alameda.

Hoy se fue al carajo y fui uno de esos idiotas que escriben poesía.

E intenté verte por las grandes ventanas cuando me subí a la 28, pero ya no estabas.

Ya te habías ido, y solo se me ocurrió que podría atraparte en este pedazo blanco lleno de letras.

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