Círculo

Había un hombre llamado Jesús. Yo lo visitaba todos los sábados por la mañana.

Llegaba a su domicilio y saludaba. Jesús salía y nos prestaba unas sillas para sentarnos.

Platicabamos de muchas cosas, no sé de que cosas, pero lo hacíamos. Él era un hombre con muchas preguntas. Yo era un joven de 14 años sin nada de respuestas.

Solía visitarlo no porque me importaran sus preguntas, sino porque hacía tiempo, muchas horas.

Un día me enteré que había fallecido su padre. Jesús se refugió en los brazos tiernos del alcohol.

Pasaron los días y perdí contacto con Jesús. Él era un tipo que hacía muchas preguntas y bebía mucho alcohol.

Me llegó el rumor de que había enloquecido. Un día fui a comprobar eso.

Llegué al domicilio y saludé. Jesús salió pero ya no me reconoció; sus palabras eran vagas y desatinadas. Era cierto, estaba loco.

Me despedí diciendo: “hasta luego don Jesús”, y nunca más regresé.

Ahora han pasado más de diez años y ya no sé nada de don Jesús, pero yo, empiezo a hacer muchas preguntas.