Otra vez…

La vida entre píldoras, botellas de vino y libros de Julio Cortázar en el estante. Cazando rutas sobre la avenida Zaragoza para ir al trabajo, jornadas de 8 horas, estados de cuentas vencidos, tarjetas de crédito a punto de colapsar. Las mismas playlists, las mismas canciones de Led Zeppelin. Por las madrugadas veo el reloj, marca las 4:36 am. Hago cuentas: tres horas más y es la siguiente dosis. En el silencio de la noche aún escucho la voz de mi madre diciendo: “tómatelas con fe”. Supongo que al final de todo es lo único que nos queda, “la fe” en cápsulas de 60mg de duloxetina, sin meterse café o alcohol para no arruinar el tratamiento. Ha estas alturas nadie es culpable, nadie está pagando equivocaciones pretéritas, es lo que nos tocó y se tiene que resolver para no caer en una caja que tiene mi nombre desde hace 10 años.

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Gracias a Dios, que usamos cubrebocas para ocultar la mitad del rostro y no revelar todas estas cosas.

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