Si yo pudiera morir

Bueno, eso estaría bien.

No sé en cuántos días le llegaría la notica a mi familia. Si muriera el sábado por la noche, sería hasta el martes que en el trabajo notarían la ausencia, o el olor putrefacto despertaría sospechas en mis vecinos.

Imagino el shock que esto produciría: en la calle patrullas y ambulancias, un perito examinaría la pequeña habitación:

“Unos cuantos libros, botellas de vino vacías, recetas, cajas de pastillas, una guitarra afinada”

La primera línea de investigación sería contra mi psiquiatra. Él confirmaría su nexo conmigo, describiría mi enfermedad y su impresión de mí en la última visita (un progreso notable)

De ahí, los compañeros de trabajo seguirían en las indagatorias. Ellos dirían:

“Un sujeto inteligente, responsable y amigable. Nunca le conocimos pareja u otras amistades. Su familia vive lejos de aquí, al parecer tiene años que vive solo. Sí, sabíamos que estaba medicándose, pero era para poder dormir mejor. En ocasiones era serio y reservado, pero nada fuera de lo normal”

A las 24 horas, probablemente, un inspector contactaría a mi padre, confirmaría la relación filial, así como su última interacción conmigo por teléfono (hace dos semanas). Rompería en llanto. Posteriormente, este sería contagiado a mi madre y mis hermanos. A algunos tíos y primos; yo estimo entre unas 13 o 15 personas.

Mis conocidos de lugares distantes se enterarían del rumor pasado un par de semanas o quizás nunca.

Si yo pudiera morir, bueno, eso estaría bien.

Mis deudas serían condonadas. Mi hermana cobraría el seguro. Las pocas pertenencias serían entregadas a la familia. Nadie sabría las contraseñas de mis dispositivos, y encontrarían esta libreta.

Evidentemente, esta última sería sometida a investigación para averiguar las circunstancias o motivos de la tragedia. Ok, entonces voy a ayudarles señores peritos:

“No tengo una razón válida”

Pero puedo decir con certeza que disfruté la vida a mi manera. Nunca guarde rencor, ni sentí odio. No tuve arrepentimientos y traté siempre de ayudar en lo que se pudo. Sonreí cuando tenía que hacerlo. Lloré cuando tuve la oportunidad. Quizás amé (no me preguntes cuando fue esto), y siempre soñé con una vida mejor.

Estoy contento de llegar hasta este punto. Satisfecho con lo que tuve. No desee más ni menos. Si Dios quiere, tal vez volvamos a vernos; sino quiere, ahí no tengo mucho que decir.

Gracias.

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