Rosa

Cuando veo a mi madre,

Me pregunto esa posibilidad donde un hombre como yo,

pudiera haber salido de sus entrañas.

Ella me abraza y llora profusamente como niño descorazonado

Estoico,

acaricio su espalda suavemente hasta que la mustia cesa.

En esos momento me doy cuenta que tengo que protegerla,

De mis insomnios y mis dudas,

De mis temores y anhelos,

De mis ideas y sentimientos,

En esos momentos me doy cuenta que tengo que protegerla

de todo aquello que habita en mi cabeza.

¡Qué afortunados deben de sentirse aquellos que no entienden de lo que hablo!

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